jueves 24 de abril de 2008

Línea

Unió uno de sus extremos con el otro quedando dividida en dos partes iguales. Ya no tenía dos ojos sino cuatro, con un par en cada una de sus mitades que se miraban mutua y fijamente. Logrando observarse a sí misma decidió desaparecer ante la revelación de su nimiedad, de manera que juntó cada una de sus puntas y sus ojos no fueron cuatro sino dieciséis, repitiéndose su presencia y disminuyéndose el tamaño de cada una de sus réplicas.
Con la esperanza de que al repetir el mismo acto en varias ocasiones habría de evaporarse, continuó en su empresa. Su mirada se dispersó tanto que estuvo en los rincones más lejanos de aquella hoja blanca donde fue trazada. Pronto no fue más que una lluvia de puntos inescindibles y dispersos que se miraban como si estuvieran frente a un espejo. Entregada a su suerte maldijo a quien estableció que un punto no tenía partes, condenándola a la irreductible y eterna finitud.

lord felipe


Comentario: Esta entrada y la anterior fueron escritas paralelamente, sin que sus autores se pusiesen de acuerdo. Juzguen uds. los puntos de conexión entre ambos trabajos.

domingo 20 de abril de 2008

ahora soy palabras

Lo primero que desapareció fue mi cabeza. Estaba frente al espejo, a punto de peinarme, cuando se esfumó. Aún con el peine en la mano llamé al trabajo para comunicar mi contratiempo y solicitar un médico. Pero no pude porque apenas empezaba a digitar el número mi mano derecha se desvaneció. Como soy ambidiestro no me preocupé y descolgué el tubo y digité el número de la gerencia de recursos humanos. La gélida voz de la nueva secretaria del sector me entibió la sangre. Con placer sentí cómo cosquilleaba en mis partes desaparecidas. Le expliqué mi problema y solicité una visita médica. La mujer tomó los datos y sin que su voz se entibiara me deseó una pronta mejoría.
Cuando colgué advertí que mi pierna izquierda acaba de desaparecer. Probé entonces si su espectro servía aún para caminar, cosa que realicé al principio con dudas ya que en cuanto dejaba de sentir el fantasma de su materialidad, caía al piso. Lo mismo me sucedía con las manos, pero cuando logré reconfigurar y ejecutar la antigua sensación de tenerlas, incorporarme resultó un juego de niños.
De inmediato supuse que con mi cabeza sucedería lo mismo. Para probarlo fui hasta la cocina y me preparé un café bien negro. No hay nada mejor para activar la voluntad. Mis manos invisibles realizaron el trabajo a la perfección. Pero – las enfermedades son un concierto de peros – al inclinar el canto de la taza sobre la antigua sensación de mis labios, el café humeante se me derramó sobre el pecho. Por suerte pude usar la sintomatología a mi favor porque pensé que si me olvidaba del pecho, éste desaparecería de inmediato con su camisa hirviente.
Y así sucedió. Todo mi tronco se tornó cristalino hasta la cintura. No puedo negarlo: estaba maravillado. Corrí entonces hacia el placard, abrí la puerta y me enfrenté al espejo. De pronto tuve nauseas.
Allí estaba yo, entero, total, sin faltas. Mi cabeza, mis manos, mi pecho y mi pierna se reflejaban precisas, tal cual eran antes de perderse en la invisibilidad. Me tranquilicé al comprobar que mis partes volvían a desaparecer en cuanto las miraba sin el intermedio del espejo.
Horas después, cuando vino el médico, mi cuerpo había desaparecido por completo, debido a lo cual usé un espejo de mano para recibirlo. Después de dar un breve vistazo al reflejo oval, el muchacho juzgó que debía visitarme un psicólogo, justificándolo en el hecho de que no había sido formado para tratar con recuerdos y deseos.

lord henry